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Glaciar Milodon

Una segunda estadía prolongada en El Chaltén, la capital del trekking de Argentina, me permitió conocer lugares maravillosos, poco populares y llenos de energía.

El Glaciar Milodón fue uno de esos lugares. Un inmenso glaciar escondido ya que se encuentra en una propiedad privada. Un escándalo, ya lo sé, pero es la realidad que vivimos en nuestro país donde se regalan tierras y patrimonio de todo el pueblo a unos pocos.

Explorando el mapa de El Chaltén y alrededores me di cuenta que siguiendo por la Ruta 23, pasando Laguna Condor había dos ríos que desembocaban al Río de las Vueltas y en el inicio de esos ríos se encontraban dos lagunas con glaciares. Uno de ellos era el Glaciar Milodon. Intenté buscar información, pero sólo encontré que había un sector privado que se adueñaba de todo el bosque anterior al glaciar. Así que me decidí a conocerlo.

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En la Ruta 23 me levantó una familia que se dirigía al Lago del Desierto y cuando les dije que me bajaba en el Río Milodón, quedaron sorprendidos porque no había nada que hacer cerca, o al menos eso pensaban ellos.

Cruce el alambrado y penetré en el bosque de Nothofagus, tan característico del Parque Nacional Los Glaciares y alrededores. Siguiendo el río encontré un sendero y lo seguí. Estaba fresco, el cielo estaba nublado y había cierta niebla. Había estado lloviendo y esto mantenía el bosque húmedo pudiéndose sentir ese aroma de naturaleza viva.

De repente pasando una loma lo ví. Al final del valle, elevada sobre una montaña, la lengua del glaciar esperándome. Sentí escalofríos. Una imponente masa de hielo se disponía a esperarme y era todo para mí.

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Seguí caminando un par de horas y finalmente llegué al lago del glaciar. Enorme, mucho mayor que Laguna de los tres, Laguna Sucia y puede que mayor que la Laguna Torre. Increíble que esté oculto. El sol quería brillar, pero el cielo estaba muy nublado. Igualmente algunos rayos se filtraban y generaba una coloración particular. Saqué cientos de fotos, videos, no podía creerlo.

Luego de unos largos minutos se me ocurrió continuar un poco más para ver si podría acercarme más todavía. Me monte a un filo pequeño y gracias a la luminosidad pude ver que el valle se expandía. Decidí continuar aunque esto significara desviarse del glaciar.

De repente veo otra laguna, sigo un poco más y allá estaba. El Glaciar Milodón completo. Imponente, trepado de las montañas. La sonrisa ya no me entraba en la cara. Había llegado a un paraíso. Camine alrededor de la laguna, saqué muchas fotos, me senté a contemplar todo y a absorber esa energía particular de los glaciares. El cielo se empezó a abrir y el sol cambiaba las tonalidades.

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Pasó el tiempo y ya era hora de volver, una angustia tremenda dejar ese lugar. Cada tantos pasos me daba vuelta a mirarlo para ver si seguía allí. Y sí, allá estaba, allá está el Glaciar Milodon.

Chicho

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